La elocuencia del mar

¿Quién vence en mí?

Olga Orozco

Camino bajo mi piel con la sangre

y su costado ceñido a la custodia de la piedad.

Arrecia el golpe rojo de viento,

un agua tibia cae

como fabulosas alucinaciones.

Aúllan las piedras

en el huracán de mi garganta.

Hoy tengo forma de mundo,

el relieve del mar se enciende, de pronto,

como si fuera un juego peligroso.

Me peleo con ella y conmigo

como si fuésemos dos desconocidas

en el desierto.

Giro hacia un lado.

Tiernamente acaricio un fulgor de terciopelo

y desaparezco.

Escribo en sus ojos una ciudad abierta

y ella sueña la próxima palabra que palpita

en la batalla sigilosa de los tiempos.

_________________ Mónica López Bordón

Ínfimos muros

Encerrado, entre ínfimos espacios

que conforman un mundo,

una galaxia, tal vez un Universo,

de palabras sin explorar.

La nave de la imaginación

va descubriendo nuevos puertos y,

quizás, ensanchando las fronteras

de párrafos y viñetas.

Con el tiempo,

realmente un pequeño desliz

en la idea primigenia del creador,

tal vez sea capaz de escapar

a esta celda de minúsculas proporciones,

a este calabozo de irrisorias pretensiones;

tal vez no, y mi sino sea vagar eternamente

entre acristalados muros

de una cámara extempórea,

fugaz destino de una mente

que daría por bueno

el ver un rayo de esperanza,

un mínimo atisbo de certidumbre

en su idea de crear un lugar más acogedor

para sus hermanos en intelecto.


__________ © J. Javier Arnau

Ella

Pronto en su cuerpo sólo figurará

la huella de la ofrenda,

los pechos caerán

consagrados al tiempo,

la sangre volverá

a marcar su piel

por última vez,

y el curso de la vida

se escapará entre sus muslos.

Entonces ella

tomando posesión de su nombre,

cerrará el ciclo de la tierra

renunciará al fuego sagrado

morderá la manzana

adorará su cuerpo,

y dejará que la luz de Vesta

pase de largo


_______ © Esperanza García Guerrero

Editado en “Arde en tus manos” [978-84-936839-0-0]

Crisis de gobierno

No es de nadie la crisis, sino nuestra

que no damos quizás con lo debido

y votamos tal vez cualquier partido;

votamos a la diestra o la siniestra.


Hay una democracia que es maestra

en desilusionar al que ha pedido

lo mejor para el pueblo y ya perdido

deja al poder que siga en la palestra.


¿Hay un centro quizás para el votante

que no quiere inclinarse a ningún lado

y quiere alzar su voz desafiante?


¿Hay un pueblo que pasa, ya agotado?

¿Un pueblo que jamás fue tan pensante?

Hay un pueblo tal vez muy cabreado.


___________ © Isabel Díez Serrano

Hasta el murmullo del agua es mortal en este tiovivo cerrado


El bosque de las cosas me espera

desde la esquina de un diciembre de lana,

me convoca con el taconeo de una oración,

persistentemente lúgubre, como el río.

Las palabras zumban ceñidas a las horas

encrespando los fonemas de una tarde sudada,

donde los huesos descansan a la sombra.

Las células sonoras alquilan cuartuchos

alrededor de los puntos suspensivos, todo se aquieta,

supura el tiempo por el lomo de los nombres,

y nos entra a golpes el olvido.

El aliento huele a barro, la piel de la noche

lame rancia mis pechos, parece que el aire

esté preñado de horizontes dormidos, huérfanos,

y la sangre sea hermosa como un cisne, todo se acalla

para que la paz de mis dedos llague las ingles del mundo,

y rueden las vocales, los ecos antiguos de juguetes

exiliados, las coordenadas de gargantas flacas,

la fiebre de los colores, que rueden sí, que todo ruede,

hasta el murmullo del agua es mortal

en este tiovivo cerrado.

________© Marian Raméntol

Crisis económica 2009

Con esta crisis que deambula incierta

por todos los hogares donde late

un corazón asalariado ¡mate!

y le da en las narices con la puerta.


Puerta que permanece siempre abierta

para ver si le llenan el petate

de comida, que caro está el tomate,

la hipoteca y el hambre se despierta.


Lástima que el Gobierno no se entere,

que siga dando largas y que espere

a que todo el País se desmorone.


No habrá un dios que genere lo perdido

y nadie cantará lo acontecido

si dejamos hacer lo que propone.


___________ © Isabel Díez Serrano

Los cadáveres siguen muriendo


Un libro con cintura de trapo,

mata al aire escrito en las sienes,

lame sus huellas,

espía su boca, hija limítrofe del sudor desnudo

a pie de página, enfadada de humo,

con su sangre mural y sin diámetro,

la frente llovida de pecho y azufre

y ese etéreo abrazo de un alma de harina

que se estrella con sus siglos sobre el suelo,

aprende de los coágulos llenos de mundo

con pómulos maquillados de moral y palabrotas.

El folio roza sus testículos

en el suspiro entrecortado de dos bocas,

las estrellas de un vivac deshabitado

anuncian historias de chiquillas profundas.

El gusto de ceniza sospecha de la letra

que escribe humedad sobre la piedra

y en medio de las manos, Vallejo me presta

los cadáveres que siguen muriendo.

________© Marian Raméntol

El cadáver devoto del cielo


Todavía no te he dicho que quiero desgraciarme

como lo hace el sonido de mi abrazo,

la perfecta arquitectura de la impotencia

en esa infinita catedral de caídas

donde mi sangre es dinamita para el lenguaje

que sube por el hombro

hacia el ojo virgen, hacia el cutis

vecino de un niño que exuda nube,

cloro y desencanto.

No seré yo quien te cuente

que Dios es el mayor sodomita del alma

porque todos llevamos un Auswitch en el bolsillo

con letrinas de lujo donde evacuar nuestros nombres

cuando el anonimato nos lee el tarot

y nos peina con el índice.

Nuestro castigo es el cadáver devoto del cielo,

la palabra atada a un palo

con su brutal delicadeza

que nos vende licencia de armas para poemas.

La belleza apunta directamente

a la entrepierna de la fe, donde el cuerpo

no cabe entre las manos, la pólvora nos muerde

y el codo se encabrita cuando reza ante el espejo.

© Marian Raméntol

Reacción en cadena

Acaricio despacio los bordes de la vieja fotografía,
cumplen así mis dedos un ritual de años
en un vestigio de homenaje.
Guardo silencio, rememoro aromas maternales,
perfumes de azahar y jazmín
invadiendo las gotas del tiempo.
Me siento herido,
tan frágil,
que nada surge de las sombras
para poder consolar
esta reacción en cadena
de te quieros perdidos.

Ya ves, solo tu recuerdo me acompaña
desde este litoral sentimental
por donde navega la memoria de los días.

________ © Carlos Gargallo

De tus sombras



A contraluz,

trazo perfilado de la noche,

gana la luna tus sueños

mientras el mar

recoge tu reflejo.

Vas arrojando en cada ola

los trozos quebrados de tu fe.

Planean apenas

en la brisa que mece tu cabellos,

para deshacerse al fin

con el llanto.


© Idoia Mielgo Merino